viernes, 11 de enero de 2008


PROTOCOLO DE KIOTO

Objetivo:
Estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, a un nivel que prevenga una peligrosa interferencia con el sistema climático. Tal nivel deberá ser alcanzado en un margen de tiempo que permita a los ecosistemas adaptarse en forma natural al cambio climático, que no ponga en peligro la producción de alimentos y que garantice el desarrollo económico de manera sostenible.

Compromisos Específicos
Los países firmantes deberán presentar Inventarios de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) por fuente y su absorción por sumideros, actualizardos periódicamente.
Desarrollar programas nacionales y/o regionales para mitigar el Cambio Climático y adaptarse a los potenciales efectos.
Fortalecer la investigación científica y técnica, la observación del sistema climático y fomentar el desarrollo de tecnologías, prácticas y procesos para controlar, reducir o prevenir las emisiones antropogénicas de los GEI.
Promover programas de educación y sensibilización pública acerca del Cambio Climático y sus efectos.

Aspectos Relevantes
Los países desarrollados adquirieron, además, otros compromisos, como adoptar políticas y medidas para reducir las emisiones de los GEI al año 2000, estabilizándolas a los niveles de 1990; transferencia de tecnología y recursos financieros a los países en desarrollo, apoyándolos en sus esfuerzos por cumplir los compromisos de la Convención y ayudar a los países en desarrollo, particularmente vulnerables a los efectos del Cambio Climático, a costear sus gastos de adaptación.

La Convención establece una Conferencia de las Partes, que posee el rol de cuerpo supremo, cuya principal función es supervisar la implementación de los compromisos adquiridos. Asimismo, establece órganos subsidiarios que desarrollan las labores técnicas y de gestión requeridas por la Conferencia de las Partes.

Los países desarrollados tienen una meta global de 5% de reducción con respecto al nivel de 1990, en el período 2008-2012.
Metas individuales:
E.E.U.U. - 7%.
Unión Europea: - 8%.
Japón: - 6%.
Federación Rusa: 0%
Australia: + 8%
Los países en desarrollo como Chile no tienen metas de reducción.

Protocolo de Kioto
En la 1ª Reunión de la Conferencia de las Partes, realizada en Berlín en 1995, se concordó que el cumplimiento de los compromisos señalados en la Convención eran insuficientes hasta esa fecha, ya que muchos países desarrollados no podrían alcanzar las metas de reducción de GEI planteadas para el año 2000. Se hacía necesario, entonces, la creación de otro instrumento legal que posibilitara el cumplimento cabal de los compromisos adquiridos.

Por ello, durante la 3ª Conferencia de las Partes llevada a cabo en Kioto en 1997, se adopta el Protocolo de Kioto, cuya principal misión fue establecer compromisos más estrictos de reducción y limitación de emisiones de GEI para los países desarrollados estableciendo un calendario específico para cumplir dichos compromisos. El acuerdo principal fue alcanzar la reducción conjunta de las emisiones de GEI, al menos en un 5% bajo los niveles existentes al año 1990, para el primer período de compromisos comprendido entre los años 2008 al 2012. Asimismo, se crearon los llamados mecanismos de flexibilización (mecanismos económicos), con el fin de ayudar a estos países a cumplir con el calendario de reducción mencionado.

sábado, 22 de diciembre de 2007

La Evaluación Ambiental Estratégica

La Evaluación Ambiental Estratégica (EAE) se puede entender como un concepto relativamente sencillo. Consiste en aplicar los principios de la Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) a políticas gubernamentales (ambientales y no ambientales), planes (sectoriales y territoriales) y programa de acción, en ejecución o propuestos. En realidad, el concepto, tal como se formula y aplica actualmente, abarca una amplia gama de definiciones conceptuales, lo cual a veces conduce a confusiones y ambigüedades. Gran parte de esta confusión surge porque los diferentes países y organizaciones han creado su propia nomenclatura y definiciones conceptuales respecto de cómo deben ser evaluadas las actividades que se sitúan por sobre el nivel de proyectos de inversión individuales, sean públicos y privados. Por lo tanto, hoy abundan en la literatura términos tales como evaluación de políticas, evaluación de toda un área, evaluación ambiental regional, evaluación ambiental sectorial. También se asocia actualmente con la creación de la Agenda Local 21, esto es, los planes nacionales de desarrollo sustentable, indicadores de sustentabilidad y otros métodos que se han adoptado para implementar la Agenda Ambiental derivada de la Cumbre Ambiental efectuada en Río de Janeiro en el año 1992.

Evolución de la Evaluación Ambiental Estratégica (EAE)
La EIA de proyectos de inversión individuales lleva muchos años de existencia tanto en países desarrollados como en una cantidad creciente de países en vías de desarrollo.

La EAE, en cambio, ha tenido un crecimiento menos rápido, pero la presión para su aplicación es cada vez mayor. Son muchas las razones de esta presión. Primero, actualmente se reconoce que la EIA de proyectos de inversión, por sí sola, no es suficiente como mecanismo de gestión ambiental, pues a menudo no se consideran alternativas, ya sea de lugar o de proceso, no se aborda el carácter dinámico de las interacciones entre medio ambiente y desarrollo, y se descuidan los impactos acumulativos.

Segundo, muchas personas admiten hoy que los planes de uso del territorio y los planes sectoriales son débiles, ya que no toman en cuenta las limitaciones ambientales. Tercero, muchos organismos internacionales y especialmente el Banco Mundial, presionan para que se introduzcan mecanismos destinados a garantizar prácticas productivas y de desarrollo más sustentables, y se cree que la EAE es una de las herramientas más poderosas para lograrlo (Russell 1995).

La historia de la EAE se remonta a la primera Acta Nacional de Política Ambiental (National Environmental Policy Act, NEPA) de Estados Unidos en 1969, la cual exigió que se hicieran informes sobre las consecuencias ambientales de acciones federales o de actividades que requirieran permisos o autorizaciones federales. NEPA encauzó el desarrollo inicial de procedimientos de EIA en proyecto individuales, y si bien en Estados Unidos se incluían políticas, planes y programas dentro de tales procedimientos, la mayoría de las evaluaciones se concentraban sólo en proyectos individuales de desarrollo. Sin embargo, se han efectuado EAEs para proyectos de ley como el Fuel Use Act, de 1978, y para programas de administración como, por ejemplo, para el control de maleza en parques nacionales. Una razón del éxito d la EAE en Estados Unidos fue la creación de procedimientos comunes para evaluaciones estratégicas y a nivel de proyectos individuales de inversión.

En la Unión Europea, el desarrollo de la EIA ha tenido lugar en un largo período, mediante las Directrices del Consejo Europeo (85/337/EEC). El proceso inicial discurría sobre la base de incorporar evaluaciones ambientales en todos los niveles de “toma de decisiones”, pero debido a la oposición política de varios Estados miembros se acordó que la implementación se efectuaría en un proceso de dos etapas, limitándolo en un comienzo a proyectos de inversión individuales, pero con la posibilidad de extenderlo a niveles estratégicos en una fecha posterior. Desde la puesta en marcha de la Directiva 85/337, la Comisión Europea ha publicado diversos proyectos de Directrices para la introducción de la EAE, la más reciente de las cuales salió a luz en octubre de 1995. Algunos Estados miembros ya han establecido su propia legislación a este respecto.

Los Países Bajos y Alemania, por ejemplo,
Exigen evaluaciones ambientales para algunos planes sectoriales y de desarrollo, tales como planes para el agua potable o eliminación de residuos, y el Reino Unido realiza evaluaciones ambientales de planes de uso de territorios y de políticas.

Fuera de la Unión Europea también se ha progresado en la divulgación de la EAE. Nueva Zelandia ha introducido nuevas disposiciones en la Ley de Manejo de Recursos de 1991, la cual formula una estrategia nacional de desarrollo sustentable. Esta ley exige que las autoridades locales efectúen EIAs de planes relativos al manejo de recursos.

miércoles, 12 de diciembre de 2007


EROSION LAMINAR

La erosión laminar es la forma más perjudicial ya que, con frecuencia no se la reconoce y por ende, pocas veces se la trata. Este tipo de erosión, es provocada por las precipitaciones. A medida que las gotas de lluvia golpean el suelo, se desprenden de éste partículas de tierra que luego el agua arrastra al escurrirse; convirtiéndose en agua barrosa que luego desemboca en los desagües, arroyos y ríos. Este tipo de erosión da origen a otras formas más impresionantes de erosión: Surcos y Cárcavas.Los efectos de la erosión laminar pueden apreciarse más fácilmente en las zonas boscosas que carecen de mantillo, donde la pérdida de suelo deja al descubierto las raíces de los árboles. La cantidad de suelo que se pierde a causa de la erosión laminar es alarmante.


El agua, ejerce una fuerza de arrastre sobre la superficie del suelo, arrancando partículas de material mineral cuyo tamaño varia desde la fina arcilla hasta la arena gruesa o grava, dependiendo este hecho de la velocidad de la corriente y del grado en que las partículas estén unidas por las raíces de las plantas o mantenidas bajo un manto de hojas caídas. La lenta remoción del suelo forma parte del proceso natural geológico de denudación de las masas continentales que es universal e inevitable, bajo condiciones naturales estables, la erosión es lo suficientemente lenta como para permitir la formación y el mantenimiento de varios horizontes en el suelo, lo que permite a la vegetación mantenerse. En contraste, la erosión del suelo puede ser enormemente acelerada por las actividades humanas o por raros acontecimientos naturales. Originando un estado de erosión acelerada, que transporta el suelo a un ritmo mucho más rápido que aquel a que puede ser formado.


Las gotas de lluvias que caen sobre una superficie árida, son agentes de erosión notablemente efectivos, pues cada gota tiende a arrojar al aire partículas de material son consolidar. Las mediciones han demostrado que pueden mover hasta 250 toneladas de material por hectárea, simplemente por medio de la salpicadura. En una superficie a nivel las partículas se mueven hacia delante y hacia atrás, pero en una superficie inclinada tienden a moverse pendiente abajo. Dando lugar a un proceso denominado erosión por salpicadura; en una vertiente, por ejemplo, este tipo de erosión tiende a transportar el suelo hacia niveles inferiores, disminuyendo la capacidad del mismo para que se infiltre el agua, debido a que las aberturas naturales del suelo quedan taponadas por las partículas movidas por la salpicadura de las gotas de lluvia.

viernes, 7 de diciembre de 2007

EROSIÓN EÓLICA

El viento es un eficiente agente de erosión y su acción, particularmente en zonas de climas áridos, semiáridos y desérticos, es responsable del transporte y deposición de grandes volúmenes de sedimentos con desarrollo de un paisaje eólico típico.
El viento transporta las partículas de los suelos de tres maneras:
· Por arrastre: las partículas más gruesas (500 - 2000 micrones).
· Por saltación: las partículas medianas (100 - 500 micrones).
· En suspensión: las partículas pequeñas o livianas ( < 100 micrones).

La erosión eólica se ejerce mediante dos procesos: ABRASION y DEFLACIÓN. Cuando las partículas sueltas que se hallan sobre la superficie del suelo son barridas, arrastradas o levantadas por el aire, estamos hablando de DEFLACION (derivado del latín "soplar"); este proceso actúa donde la superficie del terreno está completamente seca y recubierta de pequeños granos de arena sueltos procedentes de la meteorización de la roca o previamente depositadas por el agua en movimiento, el hielo o las olas. Por lo tanto, los cursos de los ríos secos, las playas y las áreas recientemente cubiertas por depósitos glaciares son muy susceptibles a la deflación; este proceso eólico de deflación es selectivo.

Las partículas más finas, las que constituyen el barro, la arcilla y los limos, son levantadas muy fácilmente y transportadas en suspensión. Los granos de arena se mueven únicamente si el viento es fuerte y tienden a desplazarse a poca altura del suelo. La grava y los cantos de 5 a 8 mm de diámetro suelen rodar por el suelo llano cuando el viento es muy intenso, pero no recorren grandes distancias ya que es muy fácil que queden retenidos en agujeros.

La acción erosiva del viento cargado de arena contra las superficies de las rocas se limita a las primeras decenas de centímetros basales de un acantilado, colina u otra masa de rocas que se eleva sobre una llanura, relativamente plana ya que los granos de arena no pueden alcanzar dichas alturas. En cambio, cuando el viento arrastra arena y polvo contra las rocas y el suelo, se denomina a este proceso ABRASION EOLICA o CORROSION. La abrasión requiere del transporte de elementos cortantes por el viento.La abrasión del viento origina orificios y acanaladuras en la roca. Si una masa rocosa pequeña destaca sobre un llano, puede ser erosionada por la base del modo antes descrito y adoptar la forma de una seta, por lo que se denominan rocas fungiformes.

La principal forma de erosión producida por la deflación son cuencas de pequeña profundidad denominadas depresiones de deflación; las cuales pueden tener de unos pocos metros a varios kilómetros de diámetro, pero se caracteriza por que su profundidad raramente pasa de unos pocos metros. Su origen se da en las regiones llanas de clima árido y en donde particularmente no está protegida por vegetación.Cuando las precipitaciones llenan esta depresión, se origina una charca o laguna, a medida que el agua se evapora, el barro del fondo se seca, se agrieta y da lugar a escamas y fragmentos de barro seco que son fácilmente transportados por el viento. En aquellos lugares en donde también se halle ganado doméstico, éste pisotea los bordes de la depresión hasta convertirla en una masa de barro, eliminando su protección vegetal y facilitando así su erosión cuando esté seca.

Causada por la acción del aire en movimiento fenómeno importante en las regiones con bajas precipitaciones, vientos fuertes y desecantes; al ser destruida la vegetación, los procesos eólicos conducen a la erosión de los suelos susceptibles.

Los principales factores actuantes en la erosión eólica son:
a. Clima: Los factores climáticos - precipitación, temperatura, humedad atmosférica y vientos - tienen una influencia central en la generación y desarrollo de los procesos de erosión eólica. A mayores precipitaciones y contenidos de humedad, el suelo es más resistente a las voladuras, mientras que las elevadas temperaturas, la baja humedad del aire y los vientos fuertes influyen en la evapotranspiración determinando la pérdida del agua edáfica. No obstante, a ello, las pérdidas de suelo están estrechamente relacionadas con la lluvia, en parte por el poder de desprendimiento del impacto de las gotas al golpear el suelo y, en parte, por la contribución de la lluvia a la escorrentía. Esta contribuye particularmente a la erosión por flujo superficial y en regueros, fenómenos para los que la intensidad de precipitación se considera, generalmente, la característica más importante. La respuesta del suelo a la lluvia puede estar determinada, también por las condiciones meteorológicas previas.

b. Características del suelo: La erosionabilidad del suelo por causa de los vientos esta relacionada con la textura y estabilidad estructural. Los suelos de textura gruesa son más susceptibles a erosionarse y menos propenso a formar estructuras estables.

c. Rugosidad de la superficie: Al aumentar la rugosidad de la superficie se reduce la velocidad del viento y, por lo tanto, disminuye la posibilidad de traslación de las partículas del suelo.

d. Exposición a la acción eólica: Las exposiciones prominentes del relieve, en general coincidente con formaciones medanosas, se encuentran considerablemente más expuestas a la acción del viento, respecto de los ambientes intermedanosos planos o plano - cóncavos, naturalmente protegidos.

e. Vegetación: Es uno de los factores más importantes de protección contra la acción del viento. La vegetación actúa como una capa protectora o amortiguadora entre la atmósfera y el suelo. Los componentes aéreos, como hojas y tallos, absorben parte de la energía de las gotas de lluvia, del agua en movimiento y del viento, de modo que su efecto es menor que si actuaran directamente sobre el suelo, mientras que los componentes subterráneos, como los sistemas radiculares, contribuyen a la resistencia mecánica del suelo. También reduce la velocidad, frena o atrapa a las partículas en movimiento.

sábado, 1 de diciembre de 2007


LA EROSION (Primera parte)

A través de millones de años en la historia de la Tierra han estado trabajando constantemente los agentes de erosión para reducir las masas terrestres al nivel de los mares.

Las formas resultantes del relieve terrestre son consecuencia de la acción combinada de procesos de desgaste por los agentes dinámicos de la atmósfera y la acción de fuerzas internas de la Tierra, que producen sobre la corteza plegamientos y empujes, originando las cadenas montañosas y los continentes. Mientras que unos y otros tienen relación con la acción y mecanismos climatológicos y geológicos, es de reconocer la importancia que tienen estos aspectos sobre el modelado de las formas, alteración de las rocas, suelos y procesos de transporte.

Dos de los primeros que han ejercido la acción sobre la corteza superficial de la Tierra a través de su evolución en el tiempo, son los conocidos como METEORIZACION o INTEMPERISMO y el de EROSION. La primera, como ya se dijo, es la alteración física y química de los materiales de la corteza terrestre por agentes tales como el agua, hielo y componentes químicos de la atmósfera, mientras que el segundo "Es un proceso continuo al que obedece la forma cambiante de la Tierra. Esta causada por el agua, el viento, los cambios de temperatura y la actividad biológica.

Cuando el proceso se produce sin la influencia del hombre, se conoce como normal, geológica o natural. Cuando la vegetación natural protectora se ve perturbada por los cultivos, pastoreo intensivo o las quemas (incendios forestales, etc) el equilibrio natural queda alterado y el suelo expuesto a la acción directa de los agentes más potentes de erosión: AGUA y VIENTO. Cuando es el agua en movimiento se denomina HIDRICA". Prácticamente es imposible separar a estos dos procesos o poner límites, ya que ambos se complementan y actúan en la naturaleza en forma simultánea.

Después que la roca o suelo ha sido alterado, actúan los agentes dinámicos como el agua y el aire para recoger las partículas y fragmentos y transportarlas hasta los diferentes ambientes de deposición. Fase que está directa o indirectamente guiada por la acción de la fuerza de gravedad.
Los deslizamientos, corrientes fluviales, glaciales y asentamientos de materiales implican el desplazamiento de masas de materiales de acuerdo a un gradiente topográfico determinado como así también, a presiones existentes entre dos zonas de diferente posición en el espacio.

Cuando los suelos superficiales son perturbados para urbanismo y/o cualquier otra actividad que el hombre proyecte (cultivos, ganadería, apertura de caminos, etc), entre todos los efectos que conlleva a estas acciones, la de escorrentía superficial puede determinar condiciones críticas de estabilidad; en el mismo sentido opera la remoción de la vegetación natural la cual absorbe esfuerzos tensionales desarrollados en la masa de suelo, evitando que se produzcan derrumbes y deslizamientos. Estos estados de inestabilidad se hacen gradualmente o intempestuosamente más críticos con el tiempo, bajo la acción de eventos adversos hidrológicos - meteorológicos (lluvias, desecación, cambios en el drenaje, etc) pudiendo alcanzar estados irreversibles de difícil y costoso control.

domingo, 25 de noviembre de 2007



Factores que afectan a la posibilidad de inicio de los Incendios Forestales (segunda parte)

Radiación solar
El sol es la principal fuente de energía de nuestra atmósfera. La energía radiante emitida por el sol es absorbida por las distintas sustancias, produciendo el aumento de su temperatura. El aumento de temperatura que se produce, depende de la capacidad calorífica de la sustancia en cuestión.

Factores astronómicos, topográficos y atmosféricos, son los responsables de las variaciones en la cantidad de radiación que llega a la superficie de la tierra en un momento y lugar determinado. No toda la radiación que llega a la superficie es absorbida por la misma, sino que un cierto porcentaje es reflejado.

La tierra también emite radiación, aunque lo hace en longitudes de onda distintas a aquellas en las que emite el sol. Muchos de los gases presentes en la atmósfera permiten el paso de la radiación de onda corta emitida por el sol, pero absorben gran parte de la radiación de onda larga emitida por la tierra; se genera así el llamado efecto invernadero.

En el balance general, el sistema tierra-atmósfera devuelve al espacio una cantidad de energía igual a la recibida. Dentro del sistema tierra-atmósfera el equilibrio también se mantiene mediante distintos mecanismos de intercambio de energía entre sus componentes.

Precipitación
La presencia, características y evolución de las nubes, es indicadora de numerosos fenómenos que afectan al comportamiento del fuego. La precipitación se presenta de diversas formas de acuerdo con las nubes que al producen; la presencia de nimbostratos producirá precipitación moderada a suave que afectará un área extensa, mientras que los cumulonimbos dará lugar a chubascos aislados. La presencia de nubes lenticulares es indicadora de fuertes viento de altura y de la probable formación de vértices a sotavento de las cadenas montañosas. Los cumulonimbus o celda de tormenta, son especialmente peligrosos para el comportamiento de los incendios debido a los vientos que producen en superficie; en muchos casos las columnas convectivas generadas por los incendios producen celdas con características similares a estas nubes.

La precipitación se clasifica en distintos tipos, cada uno de los cuales tiene distinto efecto sobre el contenido de humedad de la vegetación. La época del año en que se produce la precipitación y la fluctuación de las otras variables meteorológicas que la acompañan, también son factores determinantes de su eficiencia para humificar a los combustibles.

La sequía puede definirse de diversas formas; cuando se utiliza un índice de sequía para evaluar el peligro de incendios, habría que analizar si es el adecuado para evaluar el contenido de humedad de los combustibles y la disponibilidad de agua en las cuencas de la región.

Temperatura
La temperatura del aire, de los combustibles vegetales y de la superficie del suelo interactúan permanentemente, de modo tal que ninguna puede ser analizada en forma independiente de los demás. Las diferencias en las temperaturas alcanzadas por los distintos tipos de suelos o las distintas coberturas vegetales, generan grandes variaciones en la temperatura del aire entre lugares próximos.

Estas diferencias en la temperatura deben tomarse en cuenta cuando se analiza la representatividad de los datos con que contamos por ser indicadoras de diferencias en la temperatura y el contenido de humedad de los combustibles subyacentes, como así también por generar movimientos del aire que afectan al comportamiento del fuego.

Las variaciones de la temperatura con la altura también dan lugar a numerosos fenómenos relevantes para el comportamiento del fuego. La formación de inversiones térmicas es uno de ellos; estas inversiones pueden tener distintos orígenes que es necesario comprender para poder estimar su duración y las dimensiones del área que afectan.

Humedad Relativa
El contenido de humedad de los combustibles está estrechamente relacionado con el contenido de humedad de la atmósfera y es un factor crítico para el comienzo y posterior comportamiento de los incendios.

Aunque existan numerosos parámetros que permiten estimar el contenido de humedad del aire, la humedad relativa es la más frecuentemente utilizada cuando se trata de estimar el contenido de humedad de la atmósfera para evaluar el peligro de incendio. Esto se debe a que la humedad relativa del aire es un indicador de la capacidad de la atmósfera de absorber humedad y, en consecuencia, de acelerar el secado de los combustibles. Cuando los combustibles están más secos, es mayor la intensidad y velocidad de propagación del fuego y la probabilidad de ocurrencia de focos secundarios.

Los procesos por los cuales el agua penetra en los combustibles y es posteriormente retenida o eliminada, son diferentes si se trata de combustibles vivos o de combustibles muertos. El contenido de humedad de los combustibles vivos es el resultado de procesos fisiológicos y fenológicos que ocurren en las plantas y que corresponden tanto a factores ambientales como a características intrínsecas de cada especie. El contenido de humedad de los combustibles muertos, está controlado por las variables meteorológicas, como son la radiación, la temperatura, la humedad relativa y la precipitación.

Viento
El viento que percibimos a la altura de media llama, es el que controla la velocidad y dirección de propagación del fuego. Este viento es la suma de circulaciones de aire de distintas escalas.

La presencia de grandes sistemas de alta y baja presión, dan lugar a los vientos de escala sinóptica. A medida que nos acercamos a la superficie, la velocidad y dirección del viento de escala sinóptica se ve cada más afectada por las características del terreno. Dentro de los vientos de escala sinóptica, los vientos frontales son de especial interés para los combatientes de incendios por los bruscos cambios que producen sobre el comportamiento del fuego.

Las diferencias de presión generadas por el calentamiento diferencial entre superficies próximas dan lugar a vientos de mesoescala a los que dominamos vientos locales o convectivos. Dentro de los vientos locales, se encuentran las brisas de mar a tierra, las brisas de pendiente y las brisas de valle.

Finalmente, la presencia de pequeños obstáculos sobre la superficie terrestre produce movimientos de aire que, por su corta duración y pequeñas dimensiones espaciales, se clasifican en la microescala. Dentro de esta escala se encuentran los pequeños torbellinos asociados a la presencia de vegetación o producidos por el calentamiento de la superficie durante o después del paso del fuego.

Las observaciones de viento para la predicción del comportamiento del fuego, deben contemplar, no solamente las características del viento de superficie, sino también aquellas del viento de altura. Las columnas de convección de gran desarrollo vertical, favorecen la interacción entre el viento de distinto niveles y aumentan la probabilidad de que el viento de altura pueda alcanzar la superficie, modificando la velocidad y/o dirección de propagación del fuego.

Grado de estabilidad atmosférica
Los movimientos verticales del aire que se producen en la atmósfera, tienen diversos efectos sobre el comportamiento del fuego. En algunos casos la atmósfera ayuda al desarrollo de estos movimientos, mientras que en otros tiende a suprimirlos; esto depende del grado de estabilidad atmosférica.

Cuando la atmósfera está estable, el desarrollo de la columna de convección se ve inhibido, el viento tiene velocidad y dirección constantes, y el comportamiento del fuego es más fácil de predecir. En estos casos el peligro está dado por la reducción de visibilidad debido a la acumulación de humo y la probable ocurrencia de incendios de comportamiento extremo dominado por el viento. El fenómeno de subsidencia crea situaciones críticas sobre extensas áreas, por traer hacia la superficie aire caliente y seco.

La inestabilidad atmosférica, asociada a vientos arrachados, ayuda al desarrollo de grandes columnas convectivas. En estos casos el comportamiento del fuego es errático y difícil de predecir. El peligro está presentado por la probable formación de torbellinos, la formación de nubes de tormenta y la probable ocurrencia de incendios de comportamiento extremo dominados por la convección.

Si bien no siempre se cuenta con las observaciones necesarias para estimar el grado de estabilidad de la atmósfera, es muy útil recurrir a los indicadores visuales que permiten hacer estimaciones cualitativas de la misma.

El rayo como causa directa de incendios forestales
Una tormenta está formada por una o varias nubes o celdas convectivas, pudiendo cada una de las mismas estar en un diferente estado de evolución. En algunos casos, las celdas se agrupan en formaciones que pueden alcanzar los 8 km. De ancho y los 100 km. de largo. Las tormentas van acompañadas de truenos y relámpagos, de cortos períodos de precipitación intensa en forma de agua o granizo, de vientos fuertes y arrachados en al superficie y, ocasionalmente, de tornados.

El riesgo que las tormentas presentan en relación con la ocurrencia y el comportamiento de los incendios, esta dado por la mayor probabilidad de ocurrencia de focos causados por la actividad eléctrica que las acompaña y por los efectos que las mismas tienen sobre el comportamiento de los vientos en superficie.

Si bien estas nubes producen precipitación, lo que puede considerarse como un factor favorable para las tareas de control de un incendio, es importante analizar cuál es el efecto real que estas precipitaciones tienen sobre el contenido de humedad de los diferentes combustibles, teniendo en cuenta la intensidad, duración y área limitada afectada por las mismas.

lunes, 12 de noviembre de 2007


FACTORES AMBIENTALES QUE INFLUYEN EN LOS INCENDIOS FORESTALES Parte 1

Es de conocimiento generalizado que los incendios son unos de los factores principales de deterioro ambiental y pérdida económica.


Al considerar cual es la calidad e intensidad del deterioro ambiental producido por los incendios forestales, son muchas las variables que influyen en la magnitud de los efectos.


Desde luego, un factor básico es el combustible, el cual puede ser de muy variadas composiciones especificas, ya sea si proviene de vegetación nativa o cultivada. Es de la naturaleza física y química de las especies involucradas que dependerá la probabilidad de ignición, el tipo de desarrollo de la combustión, el nivel térmico alcanzado. Asociado al factor anterior esta el tipo de incendio producido, ya sean de copa, subterráneos o superficiales. Un incendio de copa destruye fundamentalmente el follaje de grandes árboles, afectando poco al suelo; un incendio subterráneo, por el contrario, al quemar fundamentalmente raíces y propagarse bajo el suelo, es altamente destructivo de los vegetales, de la meso y macro fauna edáficas y de la materia orgánica allí presentes, con efectos también muy negativos sobre la parte aérea de la vegetación y fauna asociada.


Los incendios forestales pueden cubrir grandes extensiones dependiendo de las condiciones ambientales, tales como temperatura, precipitaciones y vientos ( dirección y velocidad) asociados a los factores topográficos que los modifican.


Un tercer componente de la calidad e intensidad del deterioro es la naturaleza del área afectada, ya que ella define diferentes tipos de combustibles y de incendios, además de diferentes tipos de riesgos a las personas y a la propiedad. En este plano es de primordial importancia la topografía, la cual modifica la distribución y el efecto de las lluvias, genera gradientes de insolación y térmicos en función de las pendientes, a la vez que genera micro y mesocorrientes de aire, todos ellos factores que influyen en la cantidad del combustible, en las condiciones en que se desarrollan los incendios y, por ende, en el tipo y grado de dificultades para lograr su extinción.


La conjunción de estos factores determina la intensidad y duración de los incendios, cuyo efecto es evaluable como deterioro del medio. Tales evaluaciones son fáciles de hacer desde la perspectiva humana y económica, ya que fácilmente se puede estimar cuanto dejó de percibir por la no venta de un producto, a lo cual se suman los costos de la recuperación de la unidad productiva destruida. No ocurre lo mismo desde el punto de vista ecológico, cuyas consecuencias son más del tipo mediato que inmediato, o al menos no son totalmente evaluadas recién producida la alteración.